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El Viejo Cañón: el verdadero superclásico de Avellaneda

14 de junio, 2018

El Viejo Cañón: el verdadero superclásico de Avellaneda

7 minutos de lectura

Nací en Sarandí, partido de Avellaneda, treinta y dos años atrás. Y para esos tiempos, El Cañón, ya era un restaurante de renombre en zona sur. Era un lugar especial, ya que no se trataba de un bodegón con fama. Sino de un conocido restaurante de la vieja escuela. Al que sabían acudir celebridades, políticos y deportistas. Pero este lugar tiene historia, y está en la misma esquina hace más de setenta años.

Comenzó siendo un almacén de ramos generales, según me cuenta Walter Gatto, uno de sus encargados. “Teníamos un vecino lindero, de noventa y cuatro años, que venía a comer y nos contaba de las viejas épocas”. Con el tiempo, y seguramente por necesidad y demanda, el almacén empezó a vender bocatas, y la esquina se empezó a llenar de gente.

El vecino les contaba, que en una época, no se podía caminar, de la cantidad de cabezas de langostinos que los clientes arrojaban al piso, mientras bebían una caña o un vaso de vino tinto. Luego por una ordenanza, el lugar tuvo que dividirse, ya que el almacén no podía servir comida y bebida para consumo in situ. Y ahí, ahí podríamos decir, que fue el comienzo oficial de El Cañón como local gastronómico.

Los años pasaron, pasaron las administraciones. Finalmente hace quince años atrás, llegó un nuevo dueño al lugar, y para revivir a la leyenda, lo llamó El Viejo Cañón.

Debo admitir, que si fui de pequeño a comer ahí, no tengo recuerdos. Esta visita que hice, es la que cuenta como mi primera vez en el lugar. Fui acompañado por mi primo, un asiduo y fundamentalista de El Viejo Cañón. Él me insistía, desde que me mudé de nuevo al barrio, en que fuéramos a comer ahí. Me arrepiento de no haber venido antes, ya que es una experiencia recomendable, para quien quiera disfrutar de una buena comida.

El salón es bastante grade, techos muy altos, antiguo pero no viejo. Nada está librado al azar y se nota la atención a cada detalle, hasta en el más mínimo lugar.

El Viejo Cañón
Foto: TioMauCocina

Iluminados por unas imponentes arañas colgantes de vitreaux, podemos apreciar unos muebles de madera maciza muy grandes, que albergan miles de botellas de bebidas de otras épocas. Fotos de celebridades, y artefactos de otros tiempos, que en vez de terminar en el recuerdo, hoy adornan éste imponente restaurante.

Pero vamos a lo que nos compete, la experiencia en El Viejo CañónAl llegar, siempre te van a atender cordialmente y con una sonrisa. Aquí podemos ver, que los empleados presentan una enorme calidad de servicio. En la mesa y mientras ojeaba la carta que mi primo ya conoce de memoria, nos acercaron una panera y un dip. De esta destaco el pan de cebolla casero ¡Muy sabroso!

Lo más recomendado en El Viejo Cañón

La carta es extensa, y es difícil elegir solo una cosa. Todas las descripciones suenan tentadoras, y los platos son abundantes. Para probar de todo un poco, te recomiendo ir con varias personas.

Las pastas son caseras, elaboradas por el gran equipo que tienen en la cocina. Otro de sus fuertes es la parrilla.. Todo a la vista del comensal, y súper prolijo. Te dejo nuestras 10 parrillas recomendadas para que elijas tu favorita. También recomiendo la sección de pescados y mariscos, que me resultó muy interesante.

La carta de vinos es espectacular, podemos probar una amplia variedad de cepas y etiquetas, desde pequeños productores, hasta grandes bodegas. Quedé sorprendido, por los ejemplares de Ruttini que tienen, y por las añadas de Catena que había en su cava.

Comenzamos decidiendo si ir por una entrada fría o caliente, hasta que leí lo siguiente: “Provoleta El Viejo Cañón, con roquefort, huevo frito, jamón y morrón”. Automáticamente, ya no había dudas, iríamos por una entrada caliente para compartir.

Provoleta El Viejo Cañón, con roquefort, huevo frito, jamón y morrón
Foto: TioMauCocina

La temperatura justa, crocante por fuera y fundida en su interior. Los ingredientes sobre ella, mejoraban considerablemente el plato, y no se opacaban unos a otros. Y esa yema jugosa, le daba una untuosidad hermosa.

Provoleta El Viejo Cañón, con roquefort, huevo frito, jamón y morrón
Foto: TioMauCocina

Como plato principal, me encomendé en manos de uno de los camareros, y de Walter su encargado. Quería probar el plato fuerte de El Viejo Cañón, y ambos estuvieron de acuerdo, que debía pedir el lomo envuelto en panceta, con salsa de vino tinto.

El Viejo Cañón
Foto: TioMauCocina

La porción era gigante, claramente no iba a poder terminar el plato sólo. Dos medallones de lomo envueltos en panceta, acompañados de papas rústicas, y salsa agridulce de vino tinto. Una combinación espectacular, más aún para un amante de la panceta como yo, ya que la salsa también tenía cubos de éste noble chacinado.

Incluso mi acompañante, que ha probado gran parte del menú, no conocía éste plato y quedó más que satisfecho.

el matambrito de cerdo al verdeo
Foto: TioMauCocina

Mi primo, por otro lado, pidió su plato favorito. Para que yo, como cocinero, le diera mi opinión al respecto y fue por el matambrito de cerdo al verdeo.  Este plato es un clásico en muchos restaurantes, y debo admitir, que estaba increíble. La carne realmente tierna, cortado en tiras, abundante salsa para todo el plato. Y algo que me puso muy contento de ver, papas noisette de verdad, hechas a mano, ¡Papa con sabor a papa! Delicioso, aún cuando ya no debía comer más, era difícil parar.

Estas son las cosas que hacen de El Viejo Cañón, una institución en la zona, un restaurante de la vieja escuela, que sigue triunfando. Y que no se achica ante las nuevas propuestas aledañas.

vino de "El Viejo Cañón"
Foto: TioMauCocina

La cena fue maridada, con un vino Punto Final reserva malbec, de bodega Renacer. Y un Saint Felicien cabernet franc, de Catena Zapata. Servidos a una temperatura ideal.

El Viejo Cañón
Foto: TioMauCocina

Para el postre, y como ya es costumbre estar más que satisfecho de tanto comer, fuimos por una espuma de limón y naranja, sobre coulis de durazno. Un postre liviano, sutil y digestivo. Acompañado de un rico café. Pero si son valientes y de buen comer, pueden elegir entre muchas más opciones clásicas, como el panqueque de manzanas al rhum, panna cotta de caramelo, o una buena tarantela.

En resumen, El Viejo Cañón es un gran restaurante. Donde la calidad de la comida, más la excelentísima atención, realmente se destacan.

Es un lugar ideal para pasar una velada en familia, o con amigos. Para celebrar un cumpleaños  ¡E incluso para una cita romántica! La calidez que se puede sentir, es la que hace que la gente vuelva, y que todos los días tenga tanto movimiento.

Si quieren ir un fin de semana, recomiendo reservar, o tener paciencia, ya que se llena fácilmente. Es un clásico familiar de los domingos, para habitantes de zona sur y aventureros de la gastronomía. También recomiendo estar atentos, ya que realizan entre semana, shows de música en vivo.

Definitivamente El Viejo Cañón, es el verdadero clásico de Avellaneda. Sigue manteniendo la vieja tradición, de esa esquina llena de gente comiendo felizmente. Es un lugar que recomiendo, y un lugar al que voy a volver.

El Viejo Cañón queda en Av. Hipólito Yrigoyen 996, Avellaneda. Acá podés reserva tu mesa gratis.

Cada una con sus características que podríamos llamar regionales. Si buscás más opciones te aconsejo entrar a Restorando y chequear las más de 900 propuestas de restaurantes y bares en Buenos Aires. ¡Reservá tu mesa gratis y en el momento!

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Es cocinero, se dedica a la realización de caterings, eventos privados y asesoramiento gastronómico. Cuando no está trabajando, anda en longboard, con sus perros, o cocinando para amigos y familia. Es fanático del bourbon y del old fashioned. Lo pide en toda barra que visita. Le gusta toda clase de comida y prueba hasta lo más raro que ve, aunque sea una vez. También publica sus recetas en TioMauCocina
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