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Del fermentador a tu vaso: 4 cervecerías con fábrica propia

19 de julio, 2019

Del fermentador a tu vaso: 4 cervecerías con fábrica propia

7 minutos de lectura

La cerveza está entre nosotros hace más de 6.000 años. Para ser más precisos: hace bocha. Ya en el Antiguo Egipto dejaban fermentar en agua panes de cebada poco cocidos para producirla.

Y así, en un abrir y cerrar de ojos de unos cuantos miles de años, las cervecerías artesanales brotaron en Buenos Aires como hongos después de la lluvia, a razón de una cada media cuadra.

Logramos que el argentino, poco corajudo ante los sabores complejos, saliera de la Honey y se amigara con la IPA (en el mundo están de moda hoy las ácidas, ya llegaremos). Sin embargo, algo pasó. De alguna forma nos apartamos de ese camino darwiniano. La evolución se puso en pausa.

Camino por Palermo, me meto en distintas cervecerías y veo que los estilos, sabores y marcas se repiten (no en todas, hay hermosas excepciones). La oferta se empezó a cartelizar y -a diferencia de lo que pueda pasar en Estados Unidos donde la gente se fanatiza por los estilos particulares de cada bar- nosotros empezamos a ir al que nos queda más cerca.

Como si fuera poco, la decoración de sillas altas, texturas cálidas en madera, lámparas grandes de gruesos filamentos amarillos y pizarrones con las variedades del día se volvieron copia al carbónico. Lo mismo corre para la oferta gastronómica que raras veces sale de las hamburguesas, las papas del lugar (¿panceta, cheddar y verdeo?) o los chicken fingers. Si hasta te puedo anticipar que vendrán con dips de honey mustard, barbacoa y alguna tártara o alioli.

¿Eso está mal per se? Por supuesto que no y algunos les será hasta reconfortante saber con lo que se van a encontrar cada jueves. Pero a mí me resultó claustrofóbico.

Empecé a conocer cervecerías que me daban la irrefutable sensación de ya haber estado ahí, aunque fuera mi primera vez.

Cervecerías artesanales con fuego propio

No estaría escribiendo estas líneas si no hubiera una luz al final del túnel. Descubrí verdaderas joyas. Tap Bar de las fábricas cerveceras. Es decir, aquellas fábricas que tienen su bar adentro o viceversa.

Te estoy hablando que entre el fermentador que la hizo y tu pinta recién servida haya una distancia de 5 metros, con un proceso que está todo a la vista y en algunos lugares hasta los clientes pueden participar de él.

Veamos…

Prinston Devoto, amantes del buen lúpulo

Cervecerías con fábrica propia
Foto: Cortesía de Prinston Devoto.

Al llegar, ves a tu izquierda la barra y a tu derecha los fermentadores, apenas separados por un blindex. En ocasiones, fabrican mientras estás ahí tomando y te permiten no sólo ser parte del proceso agregando lúpulo a las ollas, sino también probando el resultado directo del fermentador. Una experiencia vital para el que le gusta la cerveza fresca, con todas las propiedades intactas.

Lo importante: probar la NEIPA (New England IPA). Lograron una cerveza americana que es bien amarilla y turbia, como si fuera un jugo de naranja. Tiene poco amargor. Es muy aromática y frutal, con notas de cítricos y frutos tropicales. Nicolás Fucci y Julián García, los creadores de Prinston Devoto, trabajan con lúpulos importados y en este caso con levadura líquida americana.

La Porter también merece ser probada (quizás porque soy fanático de las oscuras). Es bien maltosa, con notas de café y chocolate y muy buena tomabilidad. Claro que su plus como toda Porter, es esa espuma cremosa que es casi un postre.

📍Concordia 4726Villa Devoto.

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Strange Brewing, a la caza de nuevos sabores

Cervecerías con fábrica propia
Foto: Cortesía de Strange Brewing.

Trabajan con el concepto de “pizarra dinámica”, lo que quiere decir que si bien cuentan con un par de pilares, estilos que siempre van a encontrar, su estado natural es la creación constante de nuevas recetas. Más de 200 tipos de cervezas se han producido allí desde su fundación.

Tienen incluso un programa de barricas que está cumpliendo dos años, donde vas a encontrar cervezas de guarda, incluso una ácida de fermentación mixta que es un gol. También cuentan con otra ácida fermentada con maracuyá y guayaba.

Trabajan con insumos de estación y proveedores regionales, con lo cual la oferta se va adaptando al paso del año.

Ramiro Gaperín y Tor Hosset pasaron 5 años en California aprendiendo de los mejores este concepto de brewhouse, de club de cerveza al cual la gente llega para ser gratamente sorprendida y desafiada en sus sentidos.

Cuentan siempre con alguna Lager, también alguna más maltosa como puede ser una Bitter.

De la fase de experimentación me quedo con dos que -siendo bien argentinas- le pelean por complejidad de sabor a cualquier norteamericana o europea.

Una de ellas se llama “Cortado por favor”. Se trata de una cerveza dark, con notas con cacao y café en grano. Si cerrás los ojos es un café con leche. Por más que salen frías como en el resto de las canillas, te sugiero dejarla tomar algo de temperatura ambiente para que abra un poco y aparezcan con mayor claridad los sabores.

La otra es una cerveza noruega tradicional de campo con infusión de enhebro de Bariloche. Se trata de una producción cruda, que también incluyó una levadura noruega antiquísima, arribando a un resultado que en leguaje académico: te hace flashear.

📍Strange Brewing queda en Delgado 658Colegiales.

Charlone, como en casa

Cervecerías con fábrica propia
Foto: Cortesía de Cervecería Charlone.

Charlone es como llegar a la casa de ese amigo que siempre te recibe bien. Es una casona antigua restaurada, con un patio interior hermoso, donde vas a encontrar 9 canillas, de las cuales 2 son estilos elaborados en el lugar (Bitter y APA) y los otros van rotando entre cervecerías amigas invitadas.

Al pasar del salón principal al baño, uno tiene a su izquierda toda la visual de los fermentadores y el equipo de producción de esta cerveza que se realiza a menos de 5 metros de la barra en la que se despecha.

Uno de sus actos revolucionarios fue no reducir su carta a la hamburguesería. El tapeo es increíble, incluye desde choclos asados a bruschettas de queso brie y berenjena. Pero lo que me hizo realmente feliz fue el waffle nórdico con queso crema aromatizado en lima y eneldo, rúcula, chiffonade de salmón gravlax, huevo revuelto, palta y mini ensalada.

Dato Bonus: pedile a los chicos que te recomienden las cervezas para maridar. No fallan.

📍Cervecería Charlone queda en Ramon Freire 745Colegiales.

Rabieta, la cerveza malcriada

Es por definición un patio cervecero, pero mucho más también. Está en la histórica “La París”, dentro del Hipódromo de Palermo. Uno podría decir que hay tres espacios bien definidos. Uno exterior en la entrada, donde te podés sentar con amigos más tranquilo; otro al interior del local, donde está el clásico bullicio de los patios cerveceros, con una construcción de techos altos, finamente restaurada, donde se ubica la barra principal desde donde se puede ver la colosal fábrica; y uno al fondo que da directo a la pista de carreras.

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Pocos podrán jactarse de esa vista. No sólo porque se pueden ver las gradas y el extenso circuito hípico que bordea Libertador, sino porque espacios así de abiertos en Palermo ya casi no quedan, desde donde se puede apreciar el dibujo de las torres recortándose en el cielo.

Rabieta, de la mano de los brewmaster Rubén Diciero y Guido Mhur, cuenta con 20 canillas, de las cuales destacan las de producción propia como la Golden, la Dry Sout,  la Irish Red Ale y la American IPA.

Esta última, es para mí la joya de la casa. Con un tono dorado tirando a cobrizo es bien lupulada, cuenta con un amargor que le da carácter y tonos bien cítricos que terminan de redondear su sabor.

El resto va rotando entre cerveceros locales amigos de Rabieta, en lo que se ha transformado en un verdadero bierhaus.

📍Avenida Del Libertador 3949Palermo.

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Todo se resume a productos con identidad propia, que cuentan una historia quizás de sus dueños, quizás de un lugar o de un sueño compartido entre dos amigos…

En esa reivindicación de los valores propios estarán las bases de la evolución de la cerveza artesanal argentina.

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Nacho es un creativo publicitario y filmaker al que le fascina descubrir esos rincones de comida callejera innovadores y rupturistas. A través de @thefoodieok sale en busca de los sabores y las técnicas que los hacen únicos, pero también de las historias detrás de cada plato.
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